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Los buques fantasma de Venezuela que siguen varados en Argentina desde hace 14 años

Dos petroleros encargados por la estatal PDVSA nunca fueron terminados ni entregados. Construidos en el Astillero Río Santiago, permanecen inmóviles desde hace más de una década, envueltos en deudas, demoras y un proyecto que nunca se cerró.
Los buques Eva Perón y Juana Azurduy (foto)forman parte de uno de los emprendimientos navales más ambiciosos e inconclusos de la región. A más de 14 años de su botadura y construcción, siguen sin destino definido.
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Por Redacción Argenports.com

Desde hace más de una década, dos enormes buques petroleros construidos en Argentina permanecen varados sin cumplir el objetivo para el que fueron concebidos.

Se trata del Eva Perón y el Juana Azurduy, encargados por la petrolera estatal venezolana PDVSA y construidos en el Astillero Río Santiago, en el marco de un acuerdo bilateral que buscaba fortalecer la industria naval y ampliar la flota energética de Venezuela.

El proyecto fue anunciado en 2004 como una iniciativa estratégica entre ambos países.

El objetivo era fabricar buques tanqueros de gran porte que permitieran a PDVSA ampliar su capacidad de transporte de crudo, al mismo tiempo que se reactivaba la actividad del histórico astillero bonaerense.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la iniciativa quedó atrapada en demoras, interrupciones y cambios políticos que impidieron su finalización.

La imagen de Google Maps muestra claramente las dos grandes estructuras.

Un buque casi terminado que nunca zarpó

El Eva Perón, con una eslora cercana a los 183 metros, comenzó a construirse en 2007 y fue botado en 2012.

Desde entonces permanece flotando en el Río de la Plata, sin haber sido entregado ni puesto en servicio.

De acuerdo con estimaciones técnicas, la embarcación se encontraría finalizada en alrededor de un 98%, aunque nunca se completaron las tareas necesarias para habilitar su navegación comercial.

A pesar de su tamaño y del avance de obra, el buque jamás realizó una travesía operativa.

Durante los últimos 14 años, la nave quedó amarrada y sometida al paso del tiempo, sin un plan concreto para su terminación, reconversión o eventual retiro.

El Juana Azurduy, detenido en tierra

La segunda embarcación del proyecto, el Juana Azurduy, presenta una situación aún más compleja.

De dimensiones similares y con un porte estimado de unas 47.000 toneladas, el buque nunca llegó a tocar el agua.

La estructura permanece en tierra dentro del astillero, con avances parciales y sin definición sobre su futuro.

A diferencia del Eva Perón, jamás fue botado ni sometido a pruebas, quedando detenido en una etapa intermedia de construcción.

Deudas, cruces y promesas incumplidas

Con el correr de los años, distintas versiones oficiales y técnicas intentaron explicar el estancamiento del proyecto.

Desde Venezuela se argumentó en varias oportunidades que la paralización respondió a cambios políticos en Argentina y a la falta de continuidad del acuerdo original.

También trascendieron deudas pendientes vinculadas a la construcción, con montos estimados en varios millones de dólares por ambas embarcaciones, según mencionó un reciente informe de Canal 13.

A esto se sumaron conflictos administrativos, vencimiento de contratos y la ausencia de definiciones formales que permitieran destrabar la situación.

Pese a anuncios ocasionales sobre una posible reactivación, ninguna de esas iniciativas logró traducirse en obras concretas.

Un símbolo de un proyecto inconcluso

Hoy, el Eva Perón flotando sin destino y el Juana Azurduy detenido en tierra se convirtieron en una postal habitual del Astillero Río Santiago.

A la izquierda, flotando, el Eva Perón, y a la derecha, en tierra, el Juana Azurduy.

Ambas estructuras evidencian el deterioro propio del paso del tiempo y la falta de mantenimiento integral, mientras su futuro sigue siendo incierto.

A más de veinte años del anuncio original y catorce años después de la botadura del primer buque, el proyecto permanece sin cierre definitivo. No existen definiciones públicas sobre su finalización, reconversión, venta o desguace.

La historia de estos dos petroleros resume una oportunidad industrial perdida, marcada por grandes expectativas iniciales, millonarias inversiones inconclusas y una larga cadena de decisiones que nunca llegaron a completarse.

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