La falsa economía de la hidrovía

La traza actual de la hidrovía, presentada durante décadas como un ejemplo de eficiencia, esconde sobrecostos, mayores riesgos operativos y un impacto ambiental innecesario.
Para Tettamanti, el desvío de 600 kilómetros hacia Nueva Palmira, la congestión creciente y los intereses geopolíticos que condicionan el sistema revelan la necesidad urgente de replantear el modelo de navegación troncal y recuperar soberanía logística. Foto Barcos en el río Paraná.
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Por Horacio Tettamanti (*)

Especial para Argenports.com

Durante años se ha difundido la idea de que la llamada hidrovía representa el modelo ideal de eficiencia económica: un sistema pensado para abaratar costos, optimizar el transporte y maximizar los beneficios productivos.

Sin embargo, un análisis serio de la traza actualmente utilizada demuestra  que este relato es profundamente engañoso. Lejos de ser más económica, la vía elegida es más larga,  más peligrosa, más costosa de mantener y genera un impacto ambiental considerable.

Un desvío irracional de 600 kilómetros

Uno de los puntos más incomprensibles es la decisión de utilizar Nueva Palmira, en Uruguay, como nodo central de transbordo.

Esta elección obliga a que los convoyes que transportan mineral de hierro, soja y otras cargas desde el norte deban navegar casi 600 kilómetros adicionales entre la ida y la vuelta.

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El río Paraná es esencial en el sistema fluvial argentino. Foto Gente de Río.

Esa extensión innecesaria de la ruta genera consecuencias directas: – 30% a 40% más de barcazas y remolcadores para transportar el mismo volumen. – Mayores costos operativos y de mantenimiento. Mayor contaminación y mayor probabilidad de incidentes. – Un consumo de combustible desproporcionado que contradice cualquier discurso de eficiencia o sostenibilidad.

Todo esto podría evitarse si el transbordo se realizara en el área Santa Fe–Rosario, donde además se concentra la actividad agroindustrial argentina y donde la logística tendría un sentido económico evidente.

Conflicto creciente en el corazón de la vía fluvial

La acumulación de convoyes en una traza que ya es estrecha y que además coincide con el espacio reservado para la navegación de buques de ultramar crea un conflicto operativo grave.

Con las proyecciones actuales —75 millones de toneladas de soja del Mato Grosso, 25 millones de toneladas de mineral de hierro del Mutún, más las 15 a 25 millones de toneladas que deberían migrar desde camiones hacia transporte fluvial— el sistema se encamina hacia un cuello de botella crítico.

De mantenerse esta traza, la Argentina enfrentará en muy poco tiempo un conflicto de navegación de escala geopolítica.

Esto afectará su capacidad de maniobra, su seguridad y su soberanía sobre las aguas estratégicas del Paraná y del Río de la Plata.

Un modelo que responde a intereses geopolíticos, no económicos

El relato de que la hidrovía es “el camino más económico” es falso. El sistema actual no prioriza la eficiencia ni responde a una lógica racional de costos.

Por el contrario, la traza vigente reproduce un esquema diseñado en la década del ’90, pensado para un mundo que ya no existe y que hoy solo sirve para consolidar monopolios portuarios ajenos y hegemonías geopolíticas externas, mientras Argentina queda relegada y expulsada de la utilización plena de sus propias vías navegables.

Buques esperando cargar cereal en el área del Gran Rosario. Foto Archivo.

Hora de revisar el modelo

Frente a este panorama, continuar sosteniendo esta traza heredada es una irresponsabilidad estratégica. La Argentina debe revisar de manera urgente el modelo de navegación troncal, ajustarlo a las realidades actuales del comercio global, recuperar eficiencia operativa y, sobre todo, garantizar su plena soberanía logística y fluvial.

(*) Ingeniero Naval y ex subsecretario de Puertos y Vías Navegables de la Nación.

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