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El Gobierno busca cambiar el esquema de importación de GNL y abre la puerta a operadores privados

Energía lanzó una licitación pública para que un privado se haga cargo de la importación de GNL y el uso de la terminal de Escobar. El objetivo es reemplazar el esquema estatal vigente y ordenar el abastecimiento de gas para el invierno.
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Por Redacción Argenports.com

El Gobierno nacional activó un giro relevante en la política de abastecimiento de gas al lanzar una licitación para que operadores privados se hagan cargo de la importación de gas natural licuado (GNL) y de la utilización de la terminal regasificadora de Escobar.

La iniciativa busca reemplazar el esquema estatal que rigió en los últimos años y trasladar al mercado la gestión de un componente crítico para cubrir los picos de demanda invernal.

El movimiento no es menor: el GNL sigue siendo la válvula de escape del sistema cuando la producción local y la infraestructura de transporte no alcanzan para abastecer la demanda.

En ese contexto, la forma en que se compran los cargamentos, se coordinan los buques metaneros y se administra la capacidad de la terminal impacta directamente en los costos finales del gas y en la seguridad del suministro.

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Un operador privado para coordinar toda la cadena

El esquema propuesto apunta a seleccionar un operador comercializador-agregador que concentre la compra del GNL en el mercado internacional, coordine la logística marítima y utilice la capacidad disponible en la terminal de Escobar para regasificar e inyectar el gas al sistema.

En la práctica, el adjudicatario será quien gestione la llegada de los buques metaneros, la asignación de ventanas de descarga y el uso de la infraestructura portuaria asociada a la regasificación.

Se trata de un cambio operativo relevante, en un segmento donde la coordinación logística suele ser tan determinante como el precio del combustible.

Escobar, el cuello de botella del GNL

La terminal de Escobar vuelve a quedar en el centro del esquema. Es el principal punto de ingreso de GNL al país y un nodo sensible desde el punto de vista portuario y energético.

Cada temporada invernal pone a prueba su capacidad operativa, la disponibilidad de slots para buques metaneros y la articulación con el sistema de transporte de gas.

Con la licitación, el Gobierno busca ordenar ese funcionamiento bajo un esquema de gestión privada, con reglas de juego más previsibles para la programación de descargas y la utilización de la infraestructura.

En un contexto de alta demanda estacional, cualquier descoordinación en Escobar se traduce rápidamente en tensión sobre el sistema energético.

Un cambio de rol para el Estado

Más allá del aspecto operativo, la licitación marca un cambio de enfoque en el rol del Estado dentro del negocio del GNL.

El Gobierno se corre del rol de comprador y coordinador directo de las importaciones y pasa a establecer un marco regulatorio para que el abastecimiento quede en manos de operadores privados.

La apuesta oficial es que la competencia y las reglas de mercado permitan mejorar la eficiencia del esquema, reducir costos logísticos y dar mayor previsibilidad a las distribuidoras y grandes usuarios al momento de contratar el gas regasificado.

Impacto en la logística marítima y en el sistema portuario

Desde la óptica portuaria, el nuevo esquema también introduce interrogantes.

La llegada de buques metaneros, la asignación de ventanas en Escobar y la planificación de descargas pasan a depender de la estrategia comercial del operador privado. Esto puede mejorar la eficiencia, pero también exige una coordinación fina con la autoridad portuaria y con el resto de los tráficos que operan en la zona.

La importación de GNL no es solo una cuestión energética: involucra logística marítima de alta complejidad, contratos internacionales de flete, gestión de terminales especializadas y coordinación con la red de transporte de gas. Cualquier desajuste se paga en dólares y en riesgo operativo.

Una señal en medio del debate de fondo

El lanzamiento de la licitación se da en un momento en el que el sistema energético argentino sigue dependiendo del GNL para cubrir picos de consumo, mientras avanza –no sin demoras– la ampliación de la infraestructura asociada a Vaca Muerta.

En ese marco, el Gobierno busca ordenar el “parche” invernal mientras el debate de fondo sigue siendo cómo reducir estructuralmente la dependencia de importaciones.

La decisión de abrir el juego a privados en la importación de GNL es, al mismo tiempo, una señal al mercado y una admisión de que el esquema actual necesita ajustes.

El resultado del proceso licitatorio y el desempeño del operador que resulte adjudicado serán un termómetro clave para medir si el cambio de modelo logra traducirse en más eficiencia, menos costos y mayor previsibilidad para el sistema energético y logístico del país.

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