Por Redacción Argenports
La arena utilizada para el fracking en Vaca Muerta cuesta alrededor de US$ 22 por tonelada en origen, pero su valor puede alcanzar los US$ 145 cuando llega al pozo y se incorporan los servicios asociados.
La diferencia expone uno de los principales desafíos logísticos de la industria petrolera argentina: trasladar grandes volúmenes de un insumo esencial desde las zonas productoras hasta los yacimientos de la Cuenca Neuquina.
Una parte importante de la arena procede de Ibicuy, en Entre Ríos, y debe recorrer entre 1.200 y 1.300 kilómetros hasta los pozos de Vaca Muerta. El transporte terrestre, la distribución final y los servicios asociados explican buena parte del encarecimiento.
El problema adquiere mayor relevancia ante el crecimiento de la actividad no convencional. Las proyecciones sectoriales estiman que la demanda de arena podría alcanzar los 8 millones de toneladas en 2026 y acercarse a los 12 millones hacia 2030.
La magnitud del movimiento abre además una discusión sobre la infraestructura necesaria para abastecer los yacimientos. Entre las alternativas analizadas aparece el transporte fluvial, que permitiría reducir la dependencia de los camiones en determinados tramos.
Según publicó Más Energía, el consultor en desarrollo de negocios y logística petrolera Roberto Lino Blanco identificó la distancia y la acumulación de tributos provinciales y municipales como dos factores centrales de la diferencia de costos. Su análisis también compara la situación argentina con la Cuenca Pérmica de Estados Unidos.
Cómo se llega de US$ 22 a US$ 145 por tonelada
El estudio de Blanco descompone el costo de la arena desde su procesamiento inicial hasta la utilización en las operaciones de fractura hidráulica.
Los valores considerados para cada etapa son los siguientes:
- US$ 20 a US$ 22: arena lavada y cargada en origen, en Entre Ríos.
- US$ 70: transporte terrestre de larga distancia.
- US$ 15: proceso de secado.
- US$ 27: distribución de última milla hasta el pozo.
- US$ 10: servicio de bombeo en boca de pozo.
La suma de estos componentes se aproxima a los US$ 145 por tonelada considerados en el análisis.
El dato más significativo es que el material representa apenas alrededor del 15% del costo final, mientras que la logística concentra más del 70%.
Por lo tanto, el precio de extracción y procesamiento no constituye el principal factor de encarecimiento. La distancia y la organización del transporte tienen una incidencia mucho mayor.

La presión tributaria sobre la arena de Entre Ríos
A las dificultades logísticas se suma la carga impositiva que enfrenta la actividad arenera. Según el análisis, un productor puede tener un costo directo de aproximadamente US$ 16 por tonelada y vender el material a US$ 22, con un margen bruto cercano a US$ 6 antes de impuestos.
Sobre esa diferencia inciden distintos tributos, entre ellos el canon de extracción, las tasas municipales, la guía de tránsito de minerales y el impuesto sobre los Ingresos Brutos.
La guía de tránsito de Entre Ríos fue actualizada a $2.250 por tonelada, un valor que el consultor equipara aproximadamente con US$ 1,50.
El impacto de Ingresos Brutos también resulta significativo debido a las sucesivas operaciones comerciales que atraviesa la arena antes de llegar al pozo. Blanco estima que pueden registrarse seis facturaciones a lo largo de la cadena, generando una acumulación tributaria cercana a US$ 5 por tonelada.
Esa cifra resulta especialmente relevante para los productores, cuyos márgenes deben financiar inversiones en canteras, plantas de lavado, almacenamiento y equipamiento.
Por qué la arena es fundamental para Vaca Muerta
La arena constituye uno de los insumos esenciales de la fractura hidráulica, la técnica utilizada para extraer petróleo y gas de las formaciones no convencionales.
Su función es mantener abiertas las fracturas generadas en la roca, permitiendo que los hidrocarburos circulen hacia el pozo.
Cada etapa de fractura puede demandar entre 200 y 250 toneladas de arena. En una perforación completa, el consumo puede ubicarse entre 11.000 y 15.000 toneladas, dependiendo del diseño y las características de la operación.
El análisis de Blanco considera un promedio de entre 12.500 y 13.000 toneladas por pozo.
La calidad del material también resulta determinante. Las características de resistencia, redondez y selección de los granos influyen sobre la capacidad de mantener abiertas las fracturas durante la vida productiva.
Según el consultor, determinados estudios comparativos indican que el uso de arenas de menor calidad podría afectar la recuperación de hidrocarburos.
En particular, plantea que algunas arenas de cercanía utilizadas en Neuquén y Río Negro podrían provocar pérdidas de reservas recuperables de al menos el 20% frente a materiales de mejores prestaciones.
Se trata de una estimación del especialista y no de un resultado aplicable automáticamente a todos los yacimientos o diseños de fractura.
La comparación con el Permian de Estados Unidos
El contraste con la Cuenca Pérmica, en Texas, permite dimensionar la importancia de la distancia.
Según Blanco, la arena puede costar alrededor de US$ 30 por tonelada en boca de mina, mientras que el transporte hasta los pozos agrega entre US$ 20 y US$ 30.
De esa manera, el valor entregado se aproxima a US$ 60 por tonelada, considerablemente por debajo de la referencia utilizada para Vaca Muerta.
Una de las principales diferencias es la cercanía entre los centros productores y los yacimientos estadounidenses.
Mientras la arena entrerriana debe recorrer más de 1.200 kilómetros, en sectores del Permian las distancias de abastecimiento pueden ubicarse entre 48 y 160 kilómetros.
Los precios varían según las condiciones del mercado, la calidad del material y los servicios incluidos, por lo que estas cifras deben interpretarse como referencias comparativas.
La industria estadounidense también comenzó a incorporar soluciones para disminuir el transporte por carretera.
Un ejemplo es Dune Express, una cinta transportadora eléctrica de aproximadamente 67 kilómetros desarrollada por Atlas Energy Solutions para conectar una zona productora de arena de Texas con centros de distribución hacia Nuevo México.
El sistema comenzó sus entregas comerciales en enero de 2025 y busca reducir costos, tránsito pesado y riesgos asociados al movimiento de camiones.
El transporte fluvial aparece como una alternativa
En la Argentina, una de las posibilidades analizadas para reducir los costos es incorporar el transporte fluvial a la cadena de abastecimiento de arena.
La alternativa cobra relevancia por la ubicación de las zonas productoras de Entre Ríos, próximas al sistema navegable del río Paraná.
Rubén Etcheverry, secretario del Copade de Neuquén, señaló que una barcaza puede reemplazar hasta 80 camiones, lo que permitiría disminuir considerablemente el movimiento de cargas por carretera.
De acuerdo con un estudio financiado por el Consejo Federal de Inversiones (CFI), el costo de transporte considerado para esa alternativa ronda los US$ 46 por tonelada.
La comparación plantea una posible ventaja frente al esquema terrestre actual, aunque su aplicación dependerá de las instalaciones de carga y descarga, los puntos de transferencia y la articulación con el transporte por camión.
El transporte fluvial no eliminaría la necesidad de recorrer por tierra el tramo final hasta los yacimientos, pero podría modificar la estructura logística de parte del abastecimiento.
En paralelo, YPF y el Gobierno de Entre Ríos avanzaron en un acuerdo relacionado con el suministro de arena y la logística necesaria para abastecer Vaca Muerta.

La demanda podría llegar a 12 millones de toneladas
El crecimiento de la producción no convencional también exige ampliar la capacidad de procesamiento y distribución.
Las estimaciones consideradas por Blanco ubican la demanda de arena de Vaca Muerta cerca de los 8 millones de toneladas durante 2026, con una proyección de alrededor de 12 millones hacia 2030.
Sin embargo, la capacidad actual de las plantas de lavado activas se estima entre 6,5 y 7 millones de toneladas anuales.
De confirmarse esas cifras, la diferencia entre producción disponible y consumo esperado obligaría a incrementar inversiones en procesamiento, almacenamiento y transporte.
El desafío se profundiza con las técnicas de fractura simultánea, que concentran grandes volúmenes de consumo en períodos relativamente cortos.
Una locación puede requerir entre 40.000 y 50.000 toneladas de arena en apenas 25 días, con un movimiento equivalente a entre 50 y 60 camiones diarios para un conjunto de pozos.
La operación simultánea de varios equipos multiplica esas necesidades y exige una cadena logística capaz de sostener entregas continuas.
El desafío de reducir los costos logísticos
Para Blanco, uno de los problemas estructurales es que las empresas areneras, responsables de ampliar la capacidad de abastecimiento, operan con márgenes reducidos.
Según sus estimaciones, el margen bruto puede ubicarse entre US$ 4 y US$ 6 por tonelada antes de impuestos, una diferencia que limita la disponibilidad de recursos para nuevas inversiones.
La necesidad de ampliar plantas de lavado, incrementar el almacenamiento y mejorar los sistemas de transporte aparece así como uno de los desafíos de los próximos años.
En ese escenario, la competitividad de Vaca Muerta dependerá no solamente de la productividad de los pozos, sino también de la eficiencia de toda la cadena de suministro.
La posibilidad de combinar transporte terrestre y fluvial, ampliar la infraestructura logística y reducir costos asociados al movimiento de arena aparece como una de las alternativas para acompañar el crecimiento de la actividad petrolera argentina.