Por Redacción Argenports.com
El Gobierno nacional avanzó en una decisión clave para el funcionamiento del sistema energético argentino al habilitar al sector privado a importar y comercializar Gas Natural Licuado (GNL).
Se trata de un insumo estratégico que cumple un rol central en el abastecimiento durante los meses de mayor consumo, especialmente en el invierno.
Hasta ahora, la adquisición de cargamentos de GNL estaba concentrada en el Estado a través de Energia Argentina S.A. (Enarsa), una empresa pública que se encargaba de realizar las compras internacionales y coordinar el ingreso de buques metaneros al país.
Con el nuevo esquema, esa operatoria podrá ser realizada directamente por empresas privadas, que asumirán la gestión comercial, la negociación de contratos y la definición de volúmenes.

Terminal de regasificación en Escobar. La única en operaciones luego de la salida de servicio de la ubicada en Bahía Blanca.
La medida se inscribe dentro del proceso de reordenamiento del mercado energético impulsado por el Gobierno, con el objetivo de reducir la intervención estatal directa, promover la competencia y generar reglas más previsibles para el sector.
Cómo funcionará el nuevo esquema
A partir de la nueva normativa, las compañías privadas quedan habilitadas para importar GNL y comercializarlo en el mercado interno, ya sea para abastecer a distribuidoras, generadoras eléctricas o grandes usuarios industriales.
El Estado mantendrá un rol de regulación, control y supervisión técnica, pero dejará de participar de manera directa en la compra del gas licuado.
De este modo, las decisiones sobre precios, oportunidades de mercado y condiciones contractuales pasarán a estar definidas por los propios actores del sistema.
El cambio apunta a dotar al mercado de mayor flexibilidad, especialmente en un contexto internacional donde el precio del GNL es altamente volátil y depende de factores geopolíticos, climáticos y de demanda global.
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El rol del GNL en el sistema energético argentino
El Gas Natural Licuado es una pieza clave dentro del esquema energético nacional.
Si bien la producción de gas creció con fuerza en los últimos años, impulsada principalmente por Vaca Muerta, la infraestructura de transporte todavía presenta limitaciones que obligan a complementar el abastecimiento con importaciones.
Durante el invierno, cuando el consumo residencial e industrial se dispara, el sistema requiere volúmenes adicionales que se cubren mediante la llegada de buques metaneros a las terminales regasificadoras.

En Bahía Blanca funcionó la primera estación regasificadora del país.
Sin esos cargamentos, el riesgo de restricciones en el suministro aumenta de manera significativa.
Por ese motivo, la importación de GNL sigue siendo estratégica aun en un escenario de fuerte crecimiento de la producción local.
Impacto económico y señales de mercado
Uno de los puntos centrales del nuevo esquema es el impacto sobre los costos del sistema.
El GNL importado suele tener un precio considerablemente más alto que el gas producido en el país, lo que históricamente generó una fuerte presión sobre los subsidios energéticos.
Con la habilitación al sector privado, el Gobierno busca que los precios reflejen de forma más directa las condiciones reales del mercado y que los costos de abastecimiento queden transparentados dentro de la cadena energética.
Este enfoque se alinea con la política oficial de reducción del gasto público y de recomposición de las señales económicas, trasladando la toma de decisiones comerciales a quienes participan directamente del negocio.
Cambios en la operatoria logística
La apertura del mercado también impacta en la logística asociada al GNL.
La llegada de buques metaneros, la utilización de terminales regasificadoras y la planificación de descargas pasan a estar coordinadas por operadores privados, lo que introduce una nueva dinámica en la relación entre el sistema portuario y el energético.

En este contexto, la logística marítima vuelve a ocupar un rol central, ya que la planificación de los cargamentos, las ventanas de arribo y la disponibilidad de infraestructura se convierten en variables clave para garantizar el abastecimiento sin interrupciones.
Un paso vinculado al perfil exportador
La decisión de liberar la importación y comercialización de GNL también se conecta con el proceso que atraviesa Argentina para transformarse en un país exportador de gas natural licuado.
Mientras avanzan distintos proyectos vinculados a la licuefacción del gas de Vaca Muerta y a la futura salida de cargamentos al mercado internacional, el Gobierno apunta a ordenar el mercado interno y establecer reglas claras tanto para importar como para exportar.
La lógica oficial es construir un sistema integrado, donde el país pueda importar cuando la demanda lo requiera y, al mismo tiempo, aprovechar su potencial exportador en los períodos de mayor producción.
Un cambio estructural en el mercado del gas
La habilitación al sector privado para importar y comercializar GNL representa uno de los cambios más relevantes de los últimos años en el mercado gasífero argentino.
No se trata únicamente de una modificación administrativa, sino de una redefinición del rol del Estado y de la forma en que se garantiza el abastecimiento energético.
Con esta medida, el Gobierno apuesta a un esquema más abierto, competitivo y alineado con las dinámicas internacionales, en un contexto donde la energía, la infraestructura y la logística se consolidan como ejes centrales del desarrollo económico.











