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Reflexiones sobre el AAPA Latino en Santos

Durante el encuentro se habló de inversiones en los puertos de todo el Continente, menos en los de Argentina.

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   La primera impresión de las disertaciones es que hay muchas inversiones en los puertos de todo el Continente, salvo en Argentina.

   Las autoridades de Brasil, todos muy profesionales, arrancaron con la BR do Mar (ley que estimula la competitividad en el cabotaje) y están sacando la BR do Rio. Uruguay y Paraguay, al menos están con planes a mediano plazo.

   Chile, Perú, Panamá, Colombia y México a todo trapo, mientras Miami Port se encuentra poniendo 900 M USD ya aprobados para dinamizar el intercambio en el Caribe y América Central y salirse de China, en alguna medida.

   Pésimo nivel en las exposiciones de temas como descarbonización y gases invernadero, todos sarasean, faltaron las corporaciones gremiales del trabajo, como hacían antes, en lugar de luchar por las distorsiones se preocupaban promoviendo el gas para la propulsión de los remolcadores. Tan poco no se vieron los representantes de las corporaciones gremiales industriales promoviendo esta nueva época. Me parece que ha habido cambio de autoridades gremiales, por eso su ausencia.

   Brasil, Colombia, y Panamá haciendo estudios hidrológicos antes de dragar en sus puertos, en un todo de acuerdo al nuevo marco de nuestra Ley 27566 con soporte en el Acuerdo de Escazú y la Ley 25675.

   Del Canal Magdalena milagroso nadie dijo nada. Es que ya se retiraron de la contienda o es un tema menor para la Argentina del futuro.

   Los nuestros insisten en un “Estado presente”, financiado con emisión y deuda interna, la Argentina transita un cambio estructural regresivo por falta de recursos para sostenerlo.

   La caída de productividad del sector privado nos dirige a la segunda década perdida de la democracia. Hasta tanto no se encaren reformas para aumentar la competitividad, el empleo regular, la infraestructura logística necesaria.

   Si algo probó definitivamente el cuarto gobierno kirchnerista fue que ya no hay populismo posible sin disciplina fiscal y con destrucción de la moneda; que “vivir con lo nuestro” a esta altura del siglo XXI es un verdadero dislate, que espantar las inversiones y enconarse contra la clase media, son políticas suicidas.

   Ni hablar de una inflación al 100 % y la carrera de precios y salarios, o la presión policial sobre los comerciantes y los importadores, son medidas vanas, recesivas e inflacionarias, y que su repetición resulta un sádico ensañamiento terapéutico.

   Ese modelo está muerto y enterrado, y cuando alguien baja del tren y lo señala, es atacado con furia por cipayo o “neoliberal”.

   Ya ni la nueva izquierda latinoamericana, que busca superar la etapa del desastre chavista, sostiene esas supersticiones económicas: ni Lula, ni Boric, ni Evo Morales, ni López Obrador tragan ese vidrio, que devastó a Venezuela y hundió a la Argentina.

   Esperamos que a la vuelta a casa de los funcionarios de paseo les cuenten a sus autoridades que el continente camina por otro andarivel y que cuanto antes comencemos mejor para todos nosotros.

   Qué bueno estuvo el paseo por el shopping en Santos. ¿Existe todavía la Rúa Cámara?

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