Por Adrián Luciani / info@argenports.com
La falta de granos, como consecuencia de las medidas de fuerza dispuestas por transportistas de cargas, ya golpea duramente la dinámica exportadora de los puertos del sur bonaerense.
En Bahía Blanca, cerca de 20 buques cerealeros permanecen fondeados en la rada exterior sin poder ingresar, mientras que en Quequén la operatoria también se desacelera, con cada vez más graneleros en espera.
El escenario refleja un descalce marcado entre la programación marítima y el flujo real de granos hacia las terminales, en un contexto donde la demanda internacional se mantiene activa pero el ingreso de mercadería no logra sostener el ritmo.
Bahía Blanca con acumulación en rada y terminales con baja actividad
El cuadro en Bahía Blanca evidencia una acumulación significativa de buques cerealeros en espera, con impacto directo en los tiempos operativos.
Fuentes consultadas por Argenports.com coinciden en que la falta de granos es hoy el principal factor que limita el ingreso de embarcaciones a puerto.

La ausencia de buques se hace sentir en las terminales bahienses.
En este contexto, varias terminales presentan una operatoria reducida o directamente inactiva, mientras otras sostienen embarques de manera puntual.
Entre los casos activos se destacan el Aomaria, que carga unas 22.000 toneladas de maíz con destino a Vietnam78, y el Island, que opera con cerca de 55.000 toneladas de trigo candeal rumbo a Italia.
Se trata, sin embargo, de operaciones aisladas dentro de un esquema general de baja actividad, con un número creciente de buques que permanecen en espera en rada.
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Más de 450.000 toneladas sin poder embarcar
La presencia de unos 20 buques cerealeros en rada en Bahía Blanca implica un volumen estimado superior a las 450.000 toneladas de granos pendientes de carga.
La mayor parte de estos embarques corresponde a maíz y trigo, con destinos concentrados en Asia y Medio Oriente, lo que confirma que la demanda externa continúa firme.
Sin embargo, la menor fluidez en el ingreso de granos desde el interior comienza a traducirse en mayores tiempos de espera, menor rotación de buques y una utilización parcial de la capacidad portuaria.

Situación en Quequén
El panorama en Puerto Quequén, aunque en menor escala, presenta señales claras de desaceleración.
Actualmente, solo dos buques se encuentran operando carga de granos:
- Agri Kinsale, con unas 23.800 toneladas de trigo hacia Vietnam
- Draftvader, con cerca de 30.000 toneladas de girasol con destino a España
En paralelo, otros nueve buques cerealeros permanecen fondeados en rada a la espera de carga, acumulando un volumen cercano a las 227.000 toneladas.
La relación entre buques en carga y en espera refleja un sistema ralentizado, con capacidad disponible pero sin el volumen necesario de granos para sostener la operatoria.
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Más embarques programados y presión en aumento
A este escenario se suma una nueva tanda de buques anunciados en Quequén para los próximos días, que representan cerca de 200.000 toneladas adicionales entre maíz, trigo, soja, aceites y subproductos.
La programación marítima continúa activa, pero la menor velocidad en el ingreso de granos comienza a generar una presión creciente sobre el sistema, con riesgo de ampliar las demoras si no se normaliza el abastecimiento.
La aparición de soja y derivados marca además el inicio de una transición en la campaña, con mayor diversidad de cargas pero también mayores exigencias logísticas.
Un descalce que impacta en toda la cadena
El cuadro general muestra un sistema portuario con demanda sostenida pero con dificultades para sostener la oferta de carga.
Entre Bahía Blanca y Quequén se concentran actualmente:
- Más de 30 buques cerealeros entre espera y operación
- Alrededor de 730.000 toneladas de granos comprometidas
- Nuevos embarques programados en el corto plazo
En este contexto, el problema no radica en la infraestructura ni en la capacidad de las terminales, sino en el menor dinamismo en la llegada de granos, que genera un desacople entre oferta y demanda logística.
El conflicto de transporte agrava el cuello de botella
El freno en el ingreso de granos tiene además un factor clave: el conflicto de los transportistas de cereales, que en los últimos días se extendió en distintas rutas del país y ya impacta directamente en la logística portuaria.
La protesta, que se mantiene desde hace más de una semana y se profundiza en plena cosecha, responde al reclamo por una actualización de tarifas frente al fuerte aumento de costos, especialmente el gasoil.
En distintos puntos del sur bonaerense, incluyendo accesos a Bahía Blanca y Quequén, se registran concentraciones de camiones y menor circulación de unidades con carga, lo que reduce el flujo de granos hacia las terminales.
Transportistas advierten que trabajan a pérdida por el desfasaje entre tarifas y costos, y reclaman subas del orden del 30% para sostener la actividad.
El impacto ya es visible: menos camiones en puerto, menor ritmo de descarga y buques que deben esperar más tiempo para completar sus cargas.

Las medidas de fuerza impactan en plena cosecha gruesa.
Advertencia del sector exportador
El escenario actual no es aislado. Días atrás, la CIARA-CEC había advertido sobre un posible colapso en la operatoria exportadora en los puertos del sur bonaerense.
Desde la entidad señalaron que la situación responde principalmente a la falta de ingreso de granos desde el interior, en un contexto marcado por demoras en la comercialización y dificultades en la logística de abastecimiento.
En ese marco, advirtieron sobre el impacto directo que esta dinámica puede tener en los tiempos de carga, la eficiencia del sistema y el cumplimiento de los compromisos de exportación.
El cuadro actual, con buques en espera, terminales con baja actividad y volumen comprometido sin embarcar, empieza a confirmar ese diagnóstico.
Un sistema bajo fuerte tensión en plena campaña
En plena campaña agrícola, el sistema portuario del sur bonaerense atraviesa un escenario de alta complejidad.
La combinación de terminales con baja actividad, buques en espera, conflicto logístico y nuevos arribos programados configura un cuadro de fuerte tensión operativa que condiciona de manera directa el presente y futuro de las exportaciones.