Por Adrián Luciani / info@argenports.comcom
“Sí, es así, estamos con mucho faltante de cereal. En nuestro caso tenemos 7 buques en boya por falta de mercadería, hace una semana que estamos sin poder descargar un camión”.
El testimonio, recogido por Argenports.com en una terminal portuaria bahiense, sintetiza con crudeza el impacto que el paro de transportistas ya genera sobre la exportación de granos en los principales puertos cerealeros del país.
Pudo saberse que algunas terminales tienen algo de cereal acopiado y continúan trabajando, pero se está generando cola de buques en el fondeadero y si no se resuelve rápido esto va a ser cada vez peor.
Hoy varias entidades del sector agroexportador anunciaron el despliegue de un operativo de seguridad por parte de fuerzas nacionales y provinciales para garantizar la circulación de camiones hacia y desde el puerto de Bahía Blanca.
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En tanto, otras fuentes consultadas en la zona del Gran Rosario señalaron que allí también se evidencia una merma muy importante en la afluencia de camiones.

Un conflicto que se traslada directo a los puertos
En plena cosecha gruesa, cuando el sistema logístico debería operar a máxima capacidad, la interrupción del transporte comenzó a cortar el flujo de mercadería hacia plantas y terminales.

El efecto fue inmediato. Menos camiones en ruta, menos descarga en puertos y buques que no logran completar carga.
La escena se repite en los principales nodos del sistema. En Bahía Blanca se contabilizan cerca de 20 buques en fondeadero, en Quequén al menos 8 y en la zona del Río de la Plata más de 30, la mayoría de ellos con programaciones afectadas por la falta de cereal.
Se trata de una postal que ya se replica en distintos puntos del circuito agroexportador, con accesos condicionados y terminales que operan por debajo de su ritmo habitual.
Tarifas, costos y un conflicto que escala
El eje del conflicto es la falta de acuerdo en la actualización de tarifas de flete. Mientras los dadores de carga ofrecen subas en torno al 14% o 16%, los transportistas reclaman incrementos cercanos o superiores al 30% para cubrir sus costos.
El reclamo se da en un contexto de fuerte presión sobre la estructura de costos, con el gasoil como principal variable. El combustible representa una parte central del gasto operativo y registró subas significativas en los últimos meses.
Sin acuerdo, las protestas se multiplicaron en más de 50 puntos estratégicos del país, incluyendo accesos a puertos y rutas clave del transporte de granos.
Impacto directo en la logística y los embarques
El corte en el flujo de camiones genera un efecto dominó en toda la cadena. El grano no llega a los acopios, no ingresa a las terminales y los buques quedan a la espera.
En las terminales, la situación dejó de ser preventiva para volverse operativa. La falta de mercadería obliga a reprogramar embarques, altera turnos y genera demoras que comienzan a acumularse.
Desde el sector exportador advierten que cada buque detenido implica costos de demora que pueden rondar entre 40.000 y 60.000 dólares diarios, además de gastos adicionales vinculados al almacenamiento y la logística.
A eso se suma un factor crítico: el cumplimiento de contratos internacionales. Las demoras pueden derivar en penalidades y afectar la confiabilidad del país como proveedor.
Bahía Blanca, con reunión pero sin solución
En Bahía Blanca, donde la acumulación de buques ya es significativa, la preocupación derivó en una reunión en el Consorcio de Gestión del Puerto con participación de autoridades, fuerzas de seguridad y entidades del sector.
El objetivo fue analizar alternativas para destrabar la situación y garantizar el ingreso de cargas, aunque hasta el momento no surgió una solución definitiva.
Un sistema expuesto en plena cosecha
El conflicto vuelve a dejar en evidencia una característica estructural del sistema logístico argentino: su fuerte dependencia del transporte por camión.
A diferencia de otros países con mayor participación ferroviaria o fluvial, en la Argentina el grueso de los granos llega a puerto por vía terrestre.
Cuando ese eslabón se interrumpe, el impacto es inmediato.
Y en este caso, se produce en el peor momento posible: con la cosecha en marcha y con los puertos preparados para operar a pleno.
El riesgo de que el impacto escale
La escena actual —camiones detenidos, accesos condicionados y buques en espera— empieza a configurar un escenario de creciente tensión logística.
Las Bolsas de Cereales y entidades del sector ya advirtieron sobre el impacto en la actividad agroindustrial y en la capacidad exportadora en plena campaña.
Si el conflicto se prolonga, el riesgo es que el problema deje de ser puntual y se transforme en un cuello de botella más amplio para la salida de granos.
Porque en un sistema que depende del camión, cuando el transporte se interrumpe, la exportación se resiente.
Y eso es, precisamente, lo que ya está ocurriendo.