Por Adrián Luciani / info@argenports.com
La campaña fina ya se siente en los puertos argentinos.
Mientras miles de productores avanzan con la siembra de trigo y cebada, terminales de la Hidrovía y de Bahía Blanca intensifican el movimiento de fertilizantes para garantizar la disponibilidad de insumos clave para el agro.
Detrás de esa actividad logística se esconde una realidad poco conocida: Argentina es una potencia agrícola, pero depende en gran medida del exterior para nutrir sus propios cultivos.
Fuentes consultadas por Argenports señalaron que en las últimas semanas se multiplicaron las operaciones vinculadas al ingreso, producción y distribución de fertilizantes, en un contexto marcado por la necesidad de sostener el abastecimiento durante el avance de la campaña.

Terminal de Fertilizantes Argentinos (TFA) en Puerto San Martín.
La actividad también se intensificó en las terminales de la Hidrovía, donde fuentes consultadas por Argenports reportaron el ingreso de fertilizantes fosfatados y nitrogenados destinados a abastecer la demanda del agro.
MAP y DAP para el Gran Rosario
Entre ellos se destacan partidas de MAP procedentes de Estados Unidos y Marruecos, además de cargamentos de DAP originados en el norte de Europa, con destino a terminales del Gran Rosario y del norte bonaerense.
Y Bahía Blanca ofrece una muestra concreta de ese fenómeno, con operaciones como la descarga de fertilizantes importados que realiza por el Tai Honor en el Sitio 5 de Puerto Galván.
A ello se suma la actividad de Profertil, principal productora nacional de urea, desde donde el Argenmar Mistral movilizó 27.500 toneladas hacia distintos destinos del país. En paralelo, el Arrabbiata aparece asociado a otras 35.000 toneladas del mismo producto destinadas al abastecimiento interno.
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El circuito se completa con el arribo del Sali, encargado de transportar 15.000 toneladas de amoníaco procedente de Argelia, materia prima esencial para la fabricación de fertilizantes nitrogenados.
Qué fertilizantes mueven hoy los puertos argentinos
Los movimientos registrados reflejan la diversidad de productos que requiere el agro argentino.
La urea es el principal fertilizante nitrogenado utilizado en cultivos como trigo y maíz. Su función es aportar nitrógeno, uno de los nutrientes más importantes para alcanzar altos rendimientos.
El MAP (fosfato monoamónico) y el DAP (fosfato diamónico) aportan fósforo, indispensable para el desarrollo inicial de las plantas y la formación del sistema radicular.
El amoníaco, en tanto, constituye la materia prima básica para la elaboración de urea y otros fertilizantes nitrogenados.
Aunque suelen pasar inadvertidos frente a los grandes embarques de granos o petróleo, estos productos resultan determinantes para la productividad del campo argentino.

Descarga de fertilizantes importados en puerto Galván, Bahía Blanca.
Un gigante agrícola que todavía depende del exterior
Argentina consume anualmente alrededor de 5 millones de toneladas de fertilizantes, pero no logra producir todo lo que necesita.
De acuerdo con datos del sector, cerca del 67% del consumo interno se cubre mediante importaciones, mientras que el tercio restante proviene de la producción local.
Durante 2025, el país importó aproximadamente 4,1 millones de toneladas de fertilizantes, uno de los mayores volúmenes registrados en las últimas décadas.
Los fertilizantes nitrogenados explican más de la mitad de esas compras externas, mientras que los fosfatados representan casi la totalidad del resto. Los productos potásicos tienen una participación mucho menor.
La dependencia externa responde a una combinación de factores: la limitada capacidad instalada local, la ausencia de producción doméstica de fertilizantes fosfatados y la conveniencia económica de importar determinados insumos desde mercados especializados.
¿Puede Argentina producir más?
La respuesta es sí.
El desarrollo de Vaca Muerta abre una oportunidad inédita para ampliar la producción nacional de fertilizantes, especialmente de aquellos derivados del gas natural.
El país ya cuenta con un actor relevante: Profertil, cuya planta ubicada en Bahía Blanca posee capacidad para producir más de 1,3 millones de toneladas anuales de urea y alrededor de 790.000 toneladas de amoníaco.
Sin embargo, esa producción no alcanza para cubrir toda la demanda del agro argentino.

Importación de fertilizantes en puerto Quequén.
El acceso a mayores volúmenes de gas, nuevas inversiones y reglas de largo plazo podrían reducir la dependencia de las importaciones.
Y al mismo tiempo, podrían y agregar valor a uno de los recursos estratégicos del país.
La paradoja es evidente: mientras Argentina se consolida como uno de los grandes productores mundiales de alimentos, todavía depende del exterior para abastecer buena parte de los nutrientes que hacen posible esa producción.
Los puertos como termómetro del agro
Cada buque que descarga fertilizantes anticipa decisiones de siembra, expectativas productivas y apuestas económicas de miles de productores.
Por eso, el movimiento de estos insumos constituye uno de los indicadores más precisos de la actividad agroindustrial.
Mientras el trigo y la cebada avanzan sobre los campos argentinos, los puertos trabajan silenciosamente para asegurar que los nutrientes lleguen a tiempo.
Porque antes de cada cosecha récord hay una cadena logística que pocas veces ocupa los titulares.
Y muchas veces esa historia comienza con un buque descargando fertilizantes en el muelle.