Por Redacción Argenports.com
La licitación para concesionar una terminal de contenedores en el puerto de Mar del Plata terminó sin oferentes y dejó al descubierto una brecha estructural entre el diseño del pliego y la realidad operativa del comercio exterior.
Para el sector privado, el resultado no fue una sorpresa, sino la consecuencia directa de un esquema que no ofrecía previsibilidad ni condiciones mínimas para invertir.
Desde TC2, empresa que históricamente operó los contenedores en el puerto, señalaron que el proceso partía de supuestos que hoy no se verifican en la práctica.
Así lo explicaron a Argenports.com Emilio Bustamante y Alberto Ovejero, quienes coincidieron en que el principal problema fue la falta de garantías básicas para el desarrollo del negocio.
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La navegabilidad como condición indispensable
Según Bustamante, una terminal de contenedores no puede analizarse sin poner en el centro la cuestión del calado.
En ese sentido, remarcó que la ausencia de certezas sobre la profundidad operativa del puerto vuelve imposible proyectar servicios regulares y comprometer inversiones de largo plazo.
Desde su mirada, ningún operador puede atraer armadores ni definir escalas estables si no sabe con qué condiciones va a operar hoy y dentro de varios años.
La incertidumbre sobre el dragado y el mantenimiento del acceso, explicó, impacta de lleno en la competitividad del puerto frente a otras alternativas de la región.

Ovejero agregó que la actividad de contenedores exige previsibilidad absoluta.
A diferencia de otras cargas, sostuvo, los servicios de línea funcionan con programación fija y estándares técnicos que no admiten improvisaciones. Sin esa base, cualquier proyecto queda condicionado desde el inicio.
Riesgos mal distribuidos y exigencias inviables
Otro de los puntos cuestionados fue el esquema de responsabilidades planteado en el pliego.
Bustamante señaló que el proceso trasladaba al concesionario riesgos que exceden su capacidad de gestión. Invertir en equipamiento, infraestructura y personal es parte del negocio, explicó, pero hacerse cargo de variables estructurales que dependen del Estado termina desalentando cualquier iniciativa privada.
En la misma línea, Ovejero indicó que las exigencias de inversión no guardaban relación con el volumen real de carga ni con el contexto operativo actual del puerto.

A su entender, el pliego partía de un escenario idealizado, sin resolver previamente las condiciones básicas que permitirían sostener una terminal moderna y competitiva.
Para ambos directivos, el hecho de que la licitación haya quedado desierta fue una consecuencia lógica. No se trató de desinterés empresarial, sino de la imposibilidad de presentar una propuesta seria bajo las reglas establecidas.
Lejos de cerrar el debate, el resultado volvió a instalar una discusión de fondo sobre el modelo portuario de Mar del Plata.
Desde el sector privado insisten en que existe carga potencial y demanda, pero advierten que sin una política clara de navegabilidad y un reparto equilibrado de riesgos, cualquier nuevo intento de licitación volverá a enfrentar los mismos límites.











