Por Redacción Argenports.com
El conflicto en Medio Oriente dejó de ser un factor externo para convertirse en una variable central del comercio argentino. La escalada bélica reconfigura los mercados de energía, granos y fertilizantes, con efectos que ya comienzan a sentirse en la operatoria exportadora.
Según el análisis de Dante Romano, profesor del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, la guerra desplazó a los fundamentos tradicionales y pasó a dominar la dinámica de precios.
“El conflicto bélico pasó a dominar los mercados en general, y su influencia en los granos es innegable”, explicó.
Energía más cara y presión sobre la logística
El impacto más inmediato para Argentina llega por el lado de la energía. El petróleo Brent subió 11% en la última semana y llegó a superar los 119 dólares, mientras que el gas natural avanzó 9%.
Este escenario encarece directamente la logística exportadora: mayores costos de combustible, presión sobre tarifas y suba en los fletes marítimos.

A la par, la volatilidad creció 19%, el dólar se fortaleció cerca de 2% y el oro subió 3%, reflejando un mercado global dominado por la incertidumbre.
Granos firmes pero atados al contexto global
En el mercado agrícola, los precios acompañaron con subas cercanas al 3%. Sin embargo, el dato clave es el movimiento de los fondos financieros.
Las posiciones compradas aumentaron en 6,5 millones de toneladas y alcanzaron un total de 91 millones, lo que evidencia una mayor cobertura frente al riesgo global.
Para Argentina, esto implica precios sostenidos, pero con una fuerte dependencia de factores geopolíticos que pueden alterar rápidamente la demanda.

Fertilizantes en alerta para la próxima campaña
Uno de los impactos más sensibles aparece en el mercado de fertilizantes. El Golfo concentra cerca de la mitad de la oferta global de urea, y el conflicto pone en riesgo ese suministro.
A diferencia del petróleo, no existen grandes reservas estratégicas que permitan amortiguar el impacto.
En este contexto, se proyectan déficits de entre 25% y 35% en mercados como Estados Unidos y Canadá, mientras que China liberó reservas para sostener su producción.
Para Argentina, esto se traduce en mayores costos y posibles limitaciones en el acceso a insumos clave.
Fletes en alza y menor competitividad
El impacto ya se traslada al transporte marítimo. Los fletes desde Brasil hacia China subieron 24% en marzo, reflejando el aumento del riesgo y la tensión logística.
Para las exportaciones argentinas, esto implica un encarecimiento de los costos de colocación, especialmente en mercados lejanos como Asia.
En este escenario, la competitividad no depende solo del precio del producto, sino también de la eficiencia logística y portuaria.
Un escenario global cada vez más incierto
El foco de la tensión está puesto en el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético mundial. Las amenazas sobre esa zona elevan el riesgo sobre el suministro global.
Las medidas para contener los precios, como la liberación de reservas o el uso temporal de petróleo ruso, tuvieron un efecto limitado.
“Se esperaba un impacto más fuerte, pero terminó siendo más psicológico que efectivo”, señaló Romano.
En paralelo, la relación entre Estados Unidos y China vuelve a ganar peso. La posibilidad de nuevas compras de soja por parte del gigante asiático ya genera movimientos en los mercados.
El impacto ya se refleja en los puertos argentinos
Más allá de los indicadores globales, el efecto del nuevo escenario ya puede observarse en los flujos reales de exportación.
En las últimas semanas, los puertos del Up River mantuvieron un ritmo sostenido de embarques hacia destinos sensibles al contexto geopolítico. Buques como el AEOLIAN ARROW y el DAVID Y partieron desde el Gran Rosario con cargas de harina de soja hacia Irán, en operaciones que reflejan la continuidad de ese mercado pese al conflicto.
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Al mismo tiempo, se consolidan otros destinos estratégicos. India aparece como uno de los principales compradores de aceites vegetales, mientras que Vietnam, Indonesia y Bangladesh sostienen la demanda de maíz y trigo argentino.
En el caso de Bahía Blanca, los embarques recientes muestran una fuerte diversificación, con salidas de trigo, maíz y cebada hacia Asia y Medio Oriente, incluyendo destinos como Vietnam, Arabia Saudita, Kuwait y China.
Este patrón confirma que, aun en un contexto de alta incertidumbre, la Argentina mantiene su inserción en los mercados globales, aunque con costos más altos y mayor volatilidad.
Un desafío creciente para el sistema exportador
Con precios internacionales sostenidos pero costos en alza, el escenario para Argentina combina oportunidades y riesgos.
La suba de la energía, la presión sobre los fertilizantes y el encarecimiento de los fletes configuran un contexto más exigente para exportar.
Para el sistema portuario, el desafío será sostener eficiencia y competitividad en un mercado cada vez más condicionado por factores externos.