Por Redacción Argenports
Antes de cargar soja o sus derivados en un buque, la cadena exportadora debe responder una pregunta cada vez más relevante para sus compradores: ¿de qué campo provino el grano?
La respuesta se vuelve más compleja cuando la mercadería pasa por acopiadores o revendedores. Bunge informó que implementa en la Argentina un programa destinado a mejorar la trazabilidad de esas compras indirectas y a identificar a los proveedores hasta el establecimiento de origen.
La iniciativa figura en el Reporte de Sustentabilidad Global 2025 de la compañía, que reúne principalmente resultados correspondientes a 2024. El programa comenzó en Brasil y, según el documento, también se implementa en la Argentina y Paraguay.
Del proveedor al campo de origen
Bunge busca que los intermediarios desarrollen sistemas propios para registrar y verificar el origen de la soja que comercializan. La empresa les ofrece herramientas de monitoreo y capacitación para avanzar en ese proceso.

El programa combina información aportada por los proveedores con sensores remotos, inteligencia artificial y análisis de datos de los campos agrícolas. Bunge lo presenta como parte de su estrategia para seguir la cadena de suministro y detectar riesgos socioambientales.
En la Argentina, el reporte identifica a Chaco, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy entre las regiones prioritarias por riesgo de deforestación. Esa clasificación también incluye zonas de Brasil y Paraguay.
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Qué se sabe de las cargas exportadas
Bunge informó que, al cierre de 2024, había alcanzado 100% de trazabilidad y monitoreo hasta el campo en sus compras directas dentro de las regiones prioritarias. Al incluir las compras indirectas, el indicador llegaba al 99%.
Los porcentajes abarcan el conjunto de esas regiones sudamericanas. El reporte no informa un resultado exclusivo para la Argentina ni permite establecer qué proporción de la soja embarcada desde puertos argentinos cuenta con ese seguimiento.

El documento señala, además, que Bunge colocó en el mercado europeo cerca de 1,3 millones de toneladas de harina de soja certificadas o acompañadas por servicios de trazabilidad durante 2024. No identifica el país de origen de todo ese volumen ni las terminales desde las que salió.
Para los puertos, el punto clave es cómo la información reunida en el campo acompaña al grano cuando se acopia, procesa y consolida para exportación.
El reporte muestra el avance de Bunge en el seguimiento del origen, pero no reconstruye ese recorrido hasta un buque o una terminal argentina específica.
Esa es la próxima pregunta para la cadena exportadora: cómo vincular los datos del campo con cada carga que finalmente sale del país.