Por Adrián Luciani / info@argenports.com
En las últimas horas, el Ginga Bobcat volvió a verse involucrado en un incidente sobre el Paraná luego de que otra embarcación impactara contra el buque mientras permanecía fondeado, un episodio que volvió a poner el nombre “Ginga” en la agenda marítima argentina.
No era la primera vez. Días atrás, el mismo buque químico había protagonizado el fuerte choque registrado frente a Campana mientras navegaba transportando más de 10.000 toneladas de ácido sulfúrico, un episodio que generó preocupación por el tipo de carga involucrada y obligó a desplegar monitoreos preventivos sobre la zona.
Aunque no se registraron derrames, el episodio volvió a dejar expuesta la sensibilidad de las cargas químicas que circulan diariamente por la Hidrovía y el creciente movimiento de tankers especializados dentro del sistema portuario argentino.
Pero detrás del Ginga Bobcat no aparece un barco aislado.

La foto muestra cómo quedó el bulbo de proa del buque tras el impacto de la víspera.
La serie “Ginga” que empieza a repetirse en Argentina
A partir de ambos episodios, el nombre “Ginga” comenzó a aparecer también en movimientos y programaciones portuarias vinculadas al Gran Rosario.
Entre ellos figuran el Ginga Ocelot y el Ginga Jaguar, ambos asociados a operaciones de exportación desde terminales aceiteras del Up River.

El Ginga Jaguar cargará en Vicentin, San Lorenzo, 8.000 toneladas de aceite de girasol para India.
Los nombres empiezan a multiplicarse en movimientos marítimos y programaciones portuarias: Ginga Jaguar, Ginga Ocelot, Ginga Bobcat, Ginga Panther, Ginga Cougar o Ginga Tiger integran una línea de chemical/oil tankers vinculada al grupo MOL Chemical Tankers, división especializada del gigante naviero japonés Mitsui O.S.K. Lines (MOL), uno de los mayores operadores marítimos del mundo.
Se trata de embarcaciones diseñadas para transportar químicos líquidos, aceites vegetales y productos refinados, un segmento que comenzó a mostrar una presencia cada vez más visible dentro del sistema portuario argentino.
Varios de estos buques fueron construidos en Japón por los astilleros Shin Kurushima Dockyard y operan bajo clasificación IMO II y III para cargas químicas especiales, utilizadas habitualmente para cargas sensibles o de mayor valor agregado.
El Ginga Ocelot, por ejemplo, navega bajo bandera de Marshall Islands y posee una capacidad cercana a las 26.000 toneladas de porte bruto, mientras que otras embarcaciones de la serie suelen operar en circuitos vinculados a aceites vegetales, químicos industriales y derivados refinados.

Del Gran Rosario hacia India y Asia
Fuentes marítimas consultadas por Argenports.com señalaron que este tipo de tankers comenzó a aparecer con más frecuencia en terminales argentinas debido al crecimiento de las exportaciones de aceites y derivados agroindustriales hacia India y otros mercados asiáticos.
El propio movimiento portuario muestra al Ginga Ocelot programado para cargar aceite de soja rumbo a India desde terminales vinculadas a Vicentin, mientras que el Ginga Jaguar aparece asociado a operaciones similares pocos días después.

El Ginga Ocelot cargará 10 mil toneladas de aceite de soja para India en Vicentin, San Lorenzo.
La tendencia refleja además un fenómeno cada vez más visible dentro del Up River: el avance de tankers especializados para cargas líquidas de alto valor en paralelo al tradicional tráfico de graneleros cerealeros.
En terminales del Gran Rosario y San Lorenzo, estas embarcaciones conviven hoy con bulkcarriers dedicados a soja, maíz o harina, dentro de un esquema logístico cada vez más diversificado y orientado al comercio exterior asiático.
India aparece hoy entre los principales destinos para varios de los embarques de aceites vegetales argentinos, especialmente aceite de soja y girasol, lo que explica la creciente presencia de tankers químicos y oil tankers preparados para este tipo de operaciones.
Un nombre que gana terreno
Curiosamente, “Ginga” significa “galaxia” o “Vía Láctea” en japonés.
Y en las últimas semanas, ese nombre comenzó a aparecer cada vez más seguido en terminales del sistema portuario argentino asociado a una línea de tankers vinculada a químicos, aceites vegetales y comercio exterior.
Lo que comenzó con un choque frente a Campana terminó dejando al descubierto una serie de embarcaciones que gana protagonismo silenciosamente dentro de la Hidrovía y el complejo exportador argentino.