Por Adrián Luciani / info@argenports.com
Durante años, el debate sobre la Armada Argentina giró casi exclusivamente alrededor de una pregunta: qué buques comprar.
Fragatas, submarinos, patrulleros oceánicos o transportes logísticos aparecieron una y otra vez como el centro de la discusión pública. Sin embargo, detrás de esa cuestión existe otra mucho más profunda y determinante: cómo recuperar las capacidades necesarias para que una fuerza naval pueda operar de manera sostenida durante décadas.
Ese es, precisamente, el eje que atraviesa la segunda parte de la entrevista exclusiva que el contraalmirante José Alberto Martí Garro, comandante de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada Argentina, concedió a Argenports.

Contraalmirante José Alberto Martí Garro. Foto La Nueva.
A lo largo de la conversación, el oficial deja en claro que la incorporación de nuevas unidades constituye apenas una parte del desafío. La verdadera transformación pasa por reconstruir un sistema completo, donde infraestructura, mantenimiento, entrenamiento, logística, industria naval, recursos humanos y tecnología funcionen como un conjunto integrado.
“No se trata solamente de incorporar un buque. Lo que buscamos es recuperar capacidades.”
La definición parece sencilla, pero resume un cambio de enfoque que atraviesa toda la planificación actual de la Armada.
Porque una fragata moderna pierde valor si no puede mantenerse adecuadamente.
Un submarino requiere personal altamente entrenado, infraestructura específica y una compleja cadena logística.
La Aviación Naval necesita aeronaves, pilotos, mantenimiento y sistemas capaces de operar de manera coordinada con la Flota de Mar.
Cada una de esas piezas depende de la otra.
Y esa mirada integral es la que, según explica Martí Garro, guía hoy el proceso de recuperación de capacidades que impulsa la Armada Argentina.
También te puede interesar la primera parte de esta entrevista: Puerto Belgrano: la Armada busca reparar buques de mayor porte, en menos tiempo y abrir el dique a trabajos de terceros
Submarinos: recuperar una capacidad que trasciende la incorporación de un buque
Si existe un tema que sintetiza el desafío que enfrenta la Armada Argentina, ese es el componente submarino.
Desde la pérdida del ARA San Juan, la fuerza dejó de contar con una capacidad considerada estratégica por cualquier marina moderna. Pero durante la entrevista, Martí Garro evita reducir la discusión a la compra de un nuevo submarino.

Su mirada vuelve a poner el foco sobre el concepto de capacidades.
Porque recuperar el componente submarino implica mucho más que incorporar una unidad. Requiere reconstruir conocimientos, entrenar tripulaciones, recuperar infraestructura específica, actualizar procedimientos y volver a desarrollar una doctrina operacional que demanda años de trabajo continuo.
Es con ese espíritu que hoy nuestros submarinistas se adiestran en navegaciones a bordo de submarinistas de Armadas amigas como es el caso de la Marina de Guerra del Perú y la Marina de Brasil.
Esa es una de las razones por las cuales la Armada aborda el tema con una perspectiva de largo plazo.
No existen soluciones inmediatas para reconstruir una capacidad de esa complejidad.
Una Flota de Mar que debe funcionar como un sistema
El mismo criterio se aplica al resto de las unidades.
Durante la entrevista, Martí Garro describe una planificación donde las fragatas MEKO 360, las MEKO 140, los patrulleros oceánicos (OPV), los buques logísticos y los futuros proyectos de incorporación cumplen funciones complementarias.
Cada uno responde a necesidades diferentes.
Las fragatas concentran buena parte de la capacidad de combate de superficie.
Las OPV desarrollan tareas de vigilancia y control de los espacios marítimos.
Los medios logísticos garantizan el sostenimiento de las operaciones.
Y los submarinos aportan una capacidad estratégica que ninguna otra plataforma puede reemplazar.

La conclusión es clara: la eficacia de la Armada depende del funcionamiento conjunto de todos los medios que componen el Poder Naval Integrado, que incluye no solo al Comando de la Flota de Mar sino también a la Aviación Naval, la Infantería de Marina, las Fuerzas de Operaciones Navales Especiales y la Fuerza de Submarinos, y no solo del desempeño aislado de uno de ellos.
El rol del ARA Patagonia y la logística naval
Dentro de esa arquitectura operacional, Martí Garro también destaca la importancia de los buques logísticos.
Aunque suelen recibir mucha menos atención que las unidades de combate, constituyen un elemento indispensable para sostener operaciones prolongadas en el mar.
El ARA Patagonia ocupa un lugar central dentro de ese esquema.
Su capacidad para reabastecer combustible, víveres y otros insumos permite extender significativamente la permanencia de las unidades de superficie lejos de sus bases, incrementando el alcance operativo de toda la Flota de Mar.
Lo mismo ocurre con otras plataformas de apoyo, cuyo aporte suele pasar inadvertido para el público general, pero resulta esencial desde el punto de vista militar.

En una fuerza naval moderna, la capacidad logística no constituye un complemento.
Es una condición necesaria para que el resto de las unidades pueda cumplir sus misiones.
El desafío de sostener los medios durante décadas
A lo largo de la entrevista aparece otra idea que atraviesa buena parte de las respuestas de Martí Garro.
La incorporación de un buque representa apenas el comienzo de un ciclo que puede extenderse durante treinta o cuarenta años.
A partir de ese momento comienza el verdadero desafío: mantenerlo operativo.
Eso exige infraestructura, repuestos, personal especializado, entrenamiento permanente y una industria capaz de acompañar todo ese proceso.

Por eso, cuando la Armada habla de recuperar capacidades, no piensa únicamente en las unidades que podrían incorporarse en el futuro.
También pone el foco sobre todo aquello que permitirá sostenerlas durante décadas. Incluye el “know how” de su mantenimiento hasta el máximo escalón.
Es una mirada menos visible que la compra de un buque nuevo.
Pero probablemente sea la que determine el éxito o el fracaso de cualquier proceso de modernización naval.
Aviación Naval, drones y nuevas tecnologías: la Armada piensa más allá de los buques
Aunque los submarinos y las unidades de superficie suelen concentrar la mayor atención, Martí Garro sostiene que la recuperación de capacidades navales no termina en la Flota de Mar.
La evolución tecnológica está modificando la forma en que operan las marinas de todo el mundo y la Armada Argentina busca prepararse para ese escenario.

La Aviación Naval, los sistemas no tripulados y la incorporación gradual de nuevas tecnologías aparecen como componentes indispensables de esa transformación. No se trata de reemplazar a los medios tradicionales, sino de complementarlos para ampliar las capacidades de vigilancia, reconocimiento, exploración y apoyo a las operaciones marítimas.
En ese sentido, la incorporación de las cuatro aeronaves P-3C Orión, la entrega de las aeronaves B-360 el próximo año y la adquisición de los helicópteros Leonard AW-109 permiten complementar las capacidades actuales con nuevas tecnologías.

El mar se controla con un conjunto de capacidades que integran plataformas de superficie, aeronaves, sensores, sistemas de información y, cada vez con mayor protagonismo, vehículos no tripulados.
NdR: La entrevista al contralmirante Martí Garro fue realizada antes de conocerse la decisión de la Armada de trasladar varias unidades asentadas en Punta Indio a la Base Espora, en Bahía Blanca.
La incorporación tecnológica como un proceso permanente
Para el comandante de Adiestramiento y Alistamiento, otro de los desafíos pasa por incorporar tecnología sin perder de vista el funcionamiento integral de la fuerza.
Los avances en inteligencia artificial, automatización, sensores y sistemas de comando y control están modificando profundamente el escenario marítimo internacional.
La Armada sigue de cerca esa evolución y procura adaptar progresivamente sus capacidades a un entorno operativo cada vez más complejo.
No existe una solución única.
Cada incorporación tecnológica debe responder a una necesidad concreta y, al mismo tiempo, integrarse con los medios ya disponibles.

Planificar más allá de una gestión
Uno de los aspectos que sobresalen durante la conversación con Martí Garro es la permanente referencia al largo plazo.
La recuperación de una capacidad naval no puede resolverse en pocos años.
La incorporación de un buque, la formación de sus dotaciones, la generación de doctrina, el mantenimiento, la infraestructura y la consolidación de una cadena logística demandan procesos que atraviesan distintas administraciones.
Por eso, el oficial insiste en la necesidad de sostener una planificación continua.
Las capacidades estratégicas no se improvisan. Se construyen durante décadas y requieren continuidad para consolidarse.
Una visión integral para el Atlántico Sur
La entrevista deja una conclusión clara.
La Armada Argentina ya no analiza sus desafíos únicamente desde la incorporación de un submarino, una fragata o un patrullero oceánico.
La discusión es mucho más amplia. Incluye infraestructura, mantenimiento, logística, industria naval, capacitación, innovación tecnológica, Aviación Naval y sistemas no tripulados.

Todas esas piezas forman parte de un mismo engranaje.
Y solo cuando funcionan de manera integrada es posible hablar de una fuerza naval capaz de responder a los desafíos del Atlántico Sur.
Ese enfoque también ayuda a comprender por qué, paralelamente a los proyectos vinculados con la Flota de Mar, la Armada impulsa la modernización del Arsenal Naval Puerto Belgrano, la recuperación de infraestructura crítica y la mejora de los procesos de mantenimiento.
No son iniciativas independientes. Forman parte de una misma estrategia institucional orientada a reconstruir capacidades que durante muchos años sufrieron las consecuencias de la falta de inversión y de planificación sostenida.
Como resume Martí Garro a lo largo de la entrevista, el desafío no consiste únicamente en sumar nuevos medios.
El verdadero objetivo es contar con una Armada capaz de operarlos, sostenerlos y mantenerlos disponibles durante décadas.
Esa diferencia, quizás menos visible que la incorporación de un nuevo buque, es la que termina definiendo la fortaleza de cualquier poder naval moderno.