Por Adrián Luciani / info@argenports.com
El sistema portuario de Bahía Blanca comienza a preparar el terreno para una nueva etapa marcada por el crecimiento exportador del petróleo argentino.
Entre los proyectos más relevantes que hoy se encuentran bajo análisis sobresale la profundización del canal principal de acceso, una obra que permitiría pasar de los actuales 13,71 metros (45 pies) a 15,70 metros (51,50 pies) de calado.
La iniciativa demandaría una inversión estimada de entre 100 y 120 millones de dólares y tendría un plazo de ejecución de entre nueve y doce meses.
Sin embargo, fuentes consultadas por Argenports.com aclararon que el proyecto no contempla dragar la totalidad de los casi 100 kilómetros que posee el canal bahiense, sino específicamente los tramos que así lo requieran entre los 65 y 70 kilómetros que separan la Boya Faro, hasta el acceso a Puerto Rosales.
Ese sector es justamente el que concentra hoy las operaciones de los grandes buques petroleros vinculados a las exportaciones de crudo de Vaca Muerta.
“El salto de 45 a más de 51 pies modificaría por completo la capacidad operativa del principal acceso marítimo del sur bonaerense”, señalaron fuentes vinculadas al sector.
“Se viene trabajando en la posibilidad de profundizar a raíz del pedido de las empresas, fundamentalmente Otamerica, por el pedido de las empresas productoras de sacar Suezmax a plena carga. Ese es el desafío”, agregaron fuentes consultadas.
Hoy los buques de mayor porte (Suezmax) salen cargados en un 80 por ciento, situación que demanda, según las empresas exportadoras, una mayor profundización.

Una profundización focalizada en Puerto Rosales
Por el momento, el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca no tendría previsto extender esa nueva profundización hacia los sectores de Ingeniero White, Galván o Cangrejales.
La razón es principalmente operativa y comercial.
Las terminales cerealeras y multipropósito que operan en esos sectores continúan trabajando eficientemente con los actuales niveles de profundidad y no requieren por ahora un mayor calado.
Además, los buques Panamax, que son los graneleros de mayor tamaño que operan regularmente en Argentina, pueden seguir desarrollando sus operaciones sin inconvenientes bajo las condiciones actuales del canal.
Por eso, el foco inmediato de la posible obra está claramente puesto sobre Puerto Rosales y el crecimiento del negocio petrolero.
También te puede interesar: El Puerto de Bahía Blanca presentó su plan 2025-2029 con foco en dragado, energía y competitividad

De todos modos, dentro del sector portuario reconocen que el escenario podría modificarse a futuro si el mercado internacional comienza a demandar embarcaciones aún más grandes para cargas agrícolas, industriales o energéticas.
En ese contexto, no descartan que más adelante pueda analizarse una nueva etapa de profundización para el resto del sistema portuario bahiense.
El desafío de exportar más petróleo en buques de mayor porte
La obra aparece directamente ligada a la necesidad de adaptar la infraestructura marítima argentina al nuevo mapa energético y exportador que impulsa Vaca Muerta.
Los Suezmax (de entre 250 y 275 metros de eslora) representan una de las categorías más importantes dentro del mercado petrolero internacional y pueden transportar alrededor de un millón de barriles de crudo.
Su nombre proviene precisamente de las dimensiones máximas que les permiten atravesar el Canal de Suez completamente cargados.
En la práctica, poder operar este tipo de embarcaciones a plena carga desde Puerto Rosales implicaría una mejora logística y económica de enorme impacto para las exportaciones argentinas de petróleo.
También te puede interesar: Vaca Muerta: los tankers LR2 empiezan a asomar en operaciones vinculadas al negocio energético argentino

Permitirá transportar mayores volúmenes por viaje, reducir costos operativos y mejorar la competitividad del crudo argentino en mercados internacionales cada vez más demandantes.
Además, disminuiría la necesidad de completar carga en otros puntos del sistema marítimo internacional, una situación que actualmente genera mayores costos y complejidades operativas.
En los últimos meses, el crecimiento de la producción shale y la expansión de la infraestructura asociada a Vaca Muerta comenzaron a trasladar presión directamente sobre terminales, oleoductos y canales de navegación.
Puerto Rosales aparece en ese esquema como uno de los principales nodos estratégicos del futuro exportador energético argentino.
Vaca Muerta empuja una nueva escala exportadora
Dentro del sector energético y marítimo también reconocen que el crecimiento de las exportaciones de shale oil terminará generando una convivencia de distintos tipos de buques y terminales especializadas.
Mientras Puerto Rosales busca adaptarse para operar Suezmax completamente cargados, los futuros VLCC (Very Large Crude Carrier), considerados los superpetroleros más grandes del mundo, tendrán como principal punto de operación la terminal de Punta Colorada, en Río Negro.

Allí se proyecta la instalación de dos monoboyas offshore vinculadas al sistema Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), diseñado justamente para permitir exportaciones de gran escala directamente desde la costa atlántica.
Los VLCC poseen capacidades muy superiores a las de un Suezmax y pueden transportar cerca de dos millones de barriles de petróleo por viaje.
Sin embargo, dentro de la industria remarcan que no todos los puertos del mundo están preparados para recibir embarcaciones de semejante tamaño, debido a restricciones de profundidad, infraestructura, maniobra y capacidad operativa.
Por eso, el desarrollo de terminales capaces de operar este tipo de buques aparece hoy como una de las grandes apuestas estratégicas vinculadas al futuro exportador de Vaca Muerta.
En ese contexto, Puerto Rosales y Punta Colorada comienzan a perfilarse como piezas complementarias dentro de un mismo esquema logístico orientado a multiplicar la capacidad exportadora de petróleo argentino.
Vaca Muerta empieza a redefinir la lógica del puerto
La posible profundización refleja además cómo el crecimiento de Vaca Muerta comienza a modificar las prioridades históricas del sistema portuario bahiense.

Durante décadas, las principales demandas de infraestructura estuvieron asociadas al complejo cerealero, petroquímico y gasífero.
Ahora, el fuerte crecimiento de las exportaciones de petróleo empieza a cambiar la lógica operativa del puerto y sus necesidades de infraestructura marítima.
La expansión de proyectos vinculados al shale oil, junto con las futuras obras del sistema Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), empuja la necesidad de contar con terminales capaces de operar buques cada vez más grandes.
En ese escenario, Bahía Blanca y Puerto Rosales aparecen cada vez más integrados a una estrategia energética de escala internacional.
El desafío ya no pasa solamente por producir más petróleo.
También pasa por contar con la infraestructura marítima necesaria para exportarlo al mundo en mayores volúmenes, con menores costos y utilizando los buques más grandes posibles.